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Hay muchos tipos de ansiedad, pero todos tienen en común una cosa: el miedo.
Dependiendo de a qué se tenga miedo, hablamos de un tipo de ansiedad u otra.

Ansiedad social
El miedo a las situaciones donde la persona tiene la expectativa de ser evaluado por otras personas, en fiestas o reuniones, por ejemplo, se denomina ansiedad social. La persona que sufre ansiedad social puede pensar que en un momento dado todos se están fijando en ella, o que alguien está pensando alguna cosa negativa de ella, cuando se encuentra en una situación social poco habitual o nueva. La persona no tiene evidencia de la realidad de sus pensamientos, pero el miedo es tan intenso que hace parecer reales los pensamientos que lo provocan y sustentan.

Trastorno de angustia
Aquí el miedo se dirige hacia el propio organismo. La persona tiene miedo a que ciertas reacciones corporales como palpitaciones del corazón, sudar, o sensación de ahogo, por ejemplo, puedan tener un significado catastrófico para la propia salud, como pueda ser un ataque de corazón. Esta interpretación catastrófica gana evidencia cuando no hay otra interpretación disponible para la persona, como podría ser agotamiento después de realizar un esfuerzo físico, o consumo de substancias estimulantes. En este caso la persona no se preocupa en exceso, ya que entiende el motivo de sus reacciones corporales. Pero cuando no se interpreta así, y se piensa que la causa verdadera es un mal funcionamiento del organismo, aparece el miedo. Cuando la intensidad de estas sensaciones es alta, y sobretodo la interpretación de su significado es de catástrofe inminente para la propia salud, estamos ante un ataque de pánico o de angustia. Un ataque de pánico puntual es una cosa que le puede suceder a cualquier persona ante una situación estresante. Pero esta situación se convierte realmente en problemática cuando los ataques se reiteran a lo largo del tiempo, afectando a la calidad de vida de la persona, ya que está jamás bajará la guardia en la creencia de que en cualquier momento puede sobrevenir un ataque. La paradoja del pánico es que el propio miedo, cuando es intenso, provoca las sensaciones corporales temidas, estableciéndose un círculo vicioso en el cual el miedo alimenta el miedo.

Fobias
Cuando el miedo sucede ante unas determinadas circunstancias, en una situación determinada, o ante unos objetos concretos, hablamos de fobia. En este caso, el miedo intenso sólo aparece ante ciertos estímulos, lo cual provoca una reacción defensiva, lógica en apariencia, de evitación de esos estímulos por parte de la persona. Ejemplos de fobias son la agorafobia (miedo a los espacios abierto y/o con mucha gente), fobia a los ascensores, a viajar en avión o a las intervenciones quirúrgicas.

Trastorno de ansiedad generalizada
Otras veces el miedo, más que referirse a lo que la persona cree que pensarán de ella o a las propias sensaciones corporales, puede tener que ver con las preocupaciones cotidianas como el trabajo, la salud de los familiares, o cuestiones que afectan a nuestro planeta como la guerra, el cambio climático, etc. Todas éstas, que son preocupaciones normales para todo el mundo, se convierten en un problema cuando su intensidad o duración es tan grande que interfiere con la capacidad de la persona de disfrutar de la vida o de desarrollar correctamente las tareas de su vida cotidiana. Una característica sería que el miedo, aunque no tan intenso como en los problemas relatados anteriormente, sí es muy persistente, invadiendo todos los ámbitos de la vida de la persona.

Trastorno obsesivo-compulsivo / Perfeccionismo excesivo
El miedo a los cambios en la propia vida es un miedo normal, que se convierte realmente en problema cuando la persona reacciona con una conducta de control absoluto sobre los acontecimientos. La persona intenta controlar todo lo que le pasa a él y a cuantos le rodean, precisamente como reacción al miedo que le provoca la incertidumbre del cambio. Esta conducta de control puede resultar satisfactoria a corto plazo, ya que le proporciona seguridad, pero a la larga su coste es inmenso, provocando mucho sufrimiento. Y eso es así porque en definitiva la conducta de control está destinada al fracaso, dado que es imposible conseguir el control de todos los acontecimientos que afectan a uno mismo o a las personas próximas. Las personas que actúan así acostumbran a reconocer que cuanto más control quieren tener, más se descontrolan.

Trabajo psicoterapéutico
En todos estos casos, la psicoterapia ofrecerá ayuda para superar de la manera más satisfactoria el miedo. Este miedo actúa en todos los casos como un embudo que restringe las posibilidades y la flexibilidad tanto de pensamiento como de conducta de la persona. La propia persona es la primera en afirmar en la mayoría de los casos lo absurdo de su manera de pensar o actuar, a la vez que reconoce su dificultad para cambiar. El trabajo psicoterapéutico tiene que ver con eliminar este embudo para que en definitiva la persona recupere su libertad de la manera menos costosa posible.